El once me gustó muchísimo. Viví el partido con muchísima intensidad y un optimismo bestial.
Por problemas de salud, no he podido hacer mi propio resumen del partido. Les dejo el resumen de la web oficial. Dsiculpen las molestias:
Había muchas ganas de ver al Sevilla, con sus fichajes y las muchas expectativas generadas, en el Ramón Sánchez-Pizjuán, pero el estreno en casa se saldó de la peor forma, con una derrota que escuece, porque el equipo de Unai Emery cayó de forma abultada con la sensación, y eso es lo que duele, de no haber sido inferior. El fútbol le dio la de arena al conjunto nervionense, que puso todo lo que tenía sobre el campo, que arrinconó y machacó al Atlético en la reanudación, pero que en los metros finales estuvo espeso y sin la precisión que es necesaria para marcar la diferencia ante un rival de tanta calidad.
La lectura del partido es la misma que en otras visitas recientes del
Atlético. No por repetir el guión deja de salirle bien a los
colchoneros, que plantaron un muro, jugaron a que se jugase lo menos
posible y a la primera que tuvieron dieron su zarpazo, aprovechándose de
una acción dubitativa en la que la defensa local se quedó dormida y
Coke puso tierra de por medio a diez minutos del descanso. Eso, en
realidad fue el partido, lucha continua y una mayor efectividad en los
momentos clave de los visitantes.
Poco se puede decir más que intentos frustrados del Sevilla en la
primera parte. No estaba suelto, fallando mucho en el pase y siendo
engullido en la propuesta de partido de brega que proponía el Atlético.
Pero en la reanudación apareció ese Sevilla fiero de raza que cree
incluso más que juega. Con Reyes y Banega por fin enchufados,
desequilibrando en el último pase, el equipo se creció y embotelló a los
colchoneros. Saques de esquinas constantes, llegadas por ambas bandas y
una lucha titánica en el área visitante, con varias acciones dudosas de
por medio que no eran señaladas por el colegiado. El partido, no
obstante, estuvo en las botas de Llorente en el minuto 20, cuando su
disparo en clara zona de gol se fue lamiendo el palo izquierdo de Oblak.
Es ahí, en esas situaciones decisivas, donde no falló el Atlético.
Emery movió rápido el banquillo, sacando a Konoplyanka y a Kronh-Dehli,
primero, y a Ganmeiro por Carriço, que se iba lesionado con incluso más
de veinte minutos por delante. El Sevilla se lanzaba a tumba abierta,
imprimiendo un ritmo de vértigo al partido, que se ponía muy bonito. La
tensión del ambiente se acabó, sin embargo, de la forma más cruel. Un
disparo lejano de Gabi dio en la espalda de Krychowiak y dejó a Beto
descolocado. 0-2 y un Sevilla hundido, que veía impotente como su
entrega descomunal no había valido para nada. El Atlético hurgó en la
herida e hizo el tercero, firmado por Jackson Martínez. Era ya lo de
menos en un choque donde la voluntad y el entusiasmo que pusieron los
hombres de Unai Emery debió haber valido para algo más que para una
dolorosa derrota. Veamos el acta:
| (22) Konoplyanka , Levgenii | 65 | |
| en sustitución del jugador | ||
| (10) Reyes Calderon, Jose Antonio | ||
| (7) Krohn Delhi , Michael | 65 | |
| en sustitución del jugador | ||
| (8) Iborra De La Fuente, Vicente | ||
| (9) Gameiro , Kevin Dominique | 68 | |
| en sustitución del jugador | ||
| (6) Martins Carrico, Daniel Felipe | ||
| (19') Banega Hernandez, Ever Maximiliano | Amarilla |
| (19') Krychowiak , Grzegorz | Amarilla |
| (77') Konoplyanka , Levgenii | Amarilla |
| + En el minuto 19 el jugador (4) Krychowiak , Grzegorz fue amonestado por el siguiente motivo: Empujar a un contrario de forma temeraria en la disputa del balón | ||||
| + En el minuto 19 el jugador (19) Banega Hernandez, Ever Maximiliano fue amonestado por el siguiente motivo: Dirigirse a mí en señal de disconformidad a una decisión mía | ||||
| + En el minuto 77 el jugador (22) Konoplyanka , Levgenii fue amonestado por el siguiente motivo: Sujetar a un adversario que estaba en posesión del balón | ||||
| Otras incidencias:Expulsión por salir del banquillo con los brazos en alto protestando de forma ostensible una decisión mia en el minuto 73. NOTA: El árbitro no refleja el nombre del miembro del banquillo que fue expulsado ni su cargo. No pasa nada, se lo digo yo: Rafael Alonso Sánchez, fisioterapeuta. |
El
delantero riojano Fernando Llorente llegó alrededor de las doce de la
noche a Sevilla con permiso de su club, la Juventus de Turín, para pasar
en las próximas horas reconocimiento médico por parte del Sevilla FC.
El director general deportivo del Sevilla FC, Ramón Rodríguez, Monchi,
recibió al jugador, al que esperaban tanto numerosos medios de
comunicación como aficionados sevillistas.





Unai
Emery sacó un once con hasta ocho cambios con respecto al pasado martes
en Tiflis. Tan sólo repitieron Krohn-Dehli , Banega y Ramí, los dos
primeros jugando en el doble pivote, quedándose Denis en la mediapunta.
Había ilusión e incluso expectación por ver al Sevilla competir en una
cita de este calibre, sobre todo después de la versión épica que exhibió
ante el Barça. Pero poco se vio en la primera parte en el Olímpico de
Roma más que un equipo errante en mano de una Roma que, valiéndose de su
mayor motivación, impuso una enorme diferencia en el juego y
marcador. El comienzo del choque fue premonitorio de lo que pasaría
hasta el descanso. En el tercer minuto Dzeko hacía el 1-0, tras colarse
como quiso entre los dos centrales. Casi sin tiempo para sacudirse del
primer golpe, Korosidis tomó para sí el pasillo interior sin encontrar
oposición y de un derechazo seco y raso hizo el segundo. El Sevilla
despertó por fin, sobre todo Inmobile, que con una potente arrancada por
la izquierda se plantó solo ante Szczesny y por muy poco no logró
acortar distancias. El equipo de Unai se lo creyó, adelantó la presión y
robó varios balones en el balcón del área, sobre todo gracias a Denis,
con los que pudo haberse metido en el partido. Pero esta no era la noche
de los nervionenses y en el 41, una mala salida desde atrás, acabó en
gol de Dzeko a placer. Antes del descanso, otro fallo sacando la pelota
en defensa, acabó en gol de Nainggolan. 4-0 y un durísimo correctivo
para digerir en el vestuario.
La igualada azulgrana heló la efervescencia nervionense y el Barça metió
una marcha más, se hizo dueño de la pelota y, otra vez a balón parado
por medio de Messi, hizo el segundo en el minuto 16. Una vez se puso por
delante, el Barcelona bajó revoluciones, en parte porque el Sevilla se
rehízo. La presión del Barça no era ya tan intensa en la salida de la
pelota y el equipo de Unai Emery en el último cuarto de hora comenzó a
pisar área con mayor constancia. Por momentos la balanza del juego caía
del lado nervionense y de hecho una buena jugada de Reyes y Vitolo, por
poco acaba en gol, si no salva in extremis Dani Alves, con Ter Stegen
superado. Todo hacía indicar que el descanso iba a llegar con el Sevilla
en su mejor momento, jugando más en el campo del Barça. Pero fue justo
entonces cuando sucedió la jugada que, a priori, parecía romper el
choque. El Barça pilló al Sevilla en una contra, algo que equivale casi a
gol. Suárez se plantó solo ante Beto, salvó el portugués en primera
instancia, pero el rebote fue a parar al uruguayo, que asistió por
debajo de las piernas de Krohn-Dehli para que Rafinha llegara en carrera
y marcara a bocajarro.
En la reanudación la emoción pareció esfumarse definitivamente a los
seis minutos, porque el Sevilla salió confuso, sobre todo a la hora de
sacar la pelota jugada. Demasiadas dudas ante un Barcelona que no
perdona y que aprovechó un mal pase atrás de Tremoulinas para hacer el
cuarto, firmado por Luis Suárez. Con 4-1 y 39 minutos por delante, lo
fundamental era evitar un resultado escandaloso. Pensar en algo más en
ese momento se antojaba un disparate. Sin embargo, no hay disparate que
valga cuando este Sevilla tira de espíritu y compite como sabe.
La suerte, en definitiva, parecía echada, pero una jugada llena de
orgullo de Vitolo, acabó en un centro medido desde la izquierda y gol a
placer de Reyes. 4-2 y de nuevo el partido vivo, aunque todavía muy
lejos. Como podía, sobre todo volcando el juego por la izquierda, el
Sevilla hacía daño. Konoplyanka saltaba al campo por Reyes, pero no era
el ucraniano sino Tremoulinas, quien, otra vez por la izquierda, ponía
un balón de oro al área, donde Vitolo era derribado claramente por
Mathieu. Gameiro no tuvo piedad desde los once metros y puso un 4-3 en
el marcador, que pocos minutos antes se antojaba improbable.
Y así, tirando de carácter, una vez más abanderando el nunca se rinde,
encarnando los valores de la casta y el coraje el Sevilla entraba en el
último cuarto de hora del choque con posibilidades reales de igualar una
final que durante muchos minutos había estado perdida. El Sevilla, que
creía en la hazaña, adelantó la presión e incluso embotelló a un Barça
que sólo se limitaba a mirar el reloj. Inmobile y Mariano saltaron al
campo por Gameiro y Mariano. Y el italiano, pícaro, sorprendió a Bartra
con un rápido desmarque y la puso al segundo palo para que Konoplyanka
sólo tuviera que empujar.
Hazaña consumada y una prórroga de infarto. Más ganas que fuerzas,
intenciones, pero aún más respeto como en todo tiempo extra que se
precie, sobre todo porque a estas alturas de la temporada el cansancio
hace mella. Krychowiak, vendado, aguantaba como podía y sobre todo
Mariano en las filas sevillistas era quien ponía el picante. Pero el
propio Mariano cometió falta sobre Messi en el balcón del área y una vez
más de falta llegó el gol. El primer intento lo rechaza la barrera, el
rechace lo caza Messi de nuevo, respondiendo Beto abajo al seco despeje
del argentino, pero Pedro en boca de gol remachaba adentro. Palo
tremendo, pero sobre todo injusto, aunque una vez más el Sevilla no
claudicó y dio un último arreón. Coke tuvo el quinto, con un cabezazo
que se fue por muy poco, tras una falta medida de Banega. Pero había
más. Un nuevo desmarque de pillo de Inmobile, muy parecido al del cuarto
gol, acabó en un remate con Rami solo, que se iba arriba. La justicia
le daba la espalda a un Sevilla campeón, con independencia del 5-4
final, un Sevilla bravo, un Sevilla que no sale derrotado, que jamás se
entregó y que ni siquiera necesitó levantar el título para hacer algo
grandioso. La derrota más que dulce es honrosa, si es que es realmente
derrota.